Nuestro trabajo como futuros
profesores va más allá de transmitir conocimientos o evaluar los contenidos que
nuestros alumnos deben aprender, puesto que es necesaria la educación en valores.
Además del proceso de
enseñanza-aprendizaje debemos enseñarles y hacerles descubrir estrategias,
comportamientos, actitudes, habilidades…
Los alumnos son receptores de los
conocimientos que les prestamos y además con la práctica nos proporcionan a
nosotros múltiples aprendizajes. Por lo tanto la relación profesor-alumno es de
suma importancia tanto para el profesor como para los alumnos, puesto que
facilitan y mejorar la labor pedagógica que pueda existir en el aula. Además los
alumnos se muestran cómodos y tienen plena confianza en su guía, por lo que
favorece su aprendizaje y desarrollo.
Debemos enseñar el conocimiento que permita a los alumnos aprender por ellos
mismos. “Si es necesario limitar los
contenidos para centrarnos más en la adquisición de competencias y en la potenciación
de los valores, hagámoslo”
Un error que en ocasiones se comete es
juzgar a los alumnos siempre las cosas que están mal, y es ocasiones es más
importante valorar lo positivo. Y si queremos corregirlos debemos indicarlos
que ha hecho mal, y como tendría que hacerlo mejor
No olvidemos que somos una
referencia para los alumnos, su guía, su apoyo, sus consejeros, su ejemplo
a seguir.
Bibliografía utilizada: ALARCÓN GÓMEZ, Pedro (2012): Pedagogía para andar por casa, Madrid:
San Pablo.
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