Todos nosotros desde que nacemos
estamos en continuo proceso de aprendizaje, al igual que cuando somos más
mayores podemos enseñar aquello que hemos aprendido. Cuando aprendemos algo
nuevo se genera en nosotros un cambio de manera inevitable.
Hemos de tener en
cuenta que a la vez que enseñamos estamos proporcionando un aprendizaje a una o
a muchas de las personas que nos rodean, y además al enseñar nosotros seguimos
aprendiendo. Estas dos acciones, por lo tanto, se encuentran interrelacionadas.
Al igual que podemos aprender de otras
personas, ya sean conocimiento o actitudes, podemos aprender de nosotros mismo,
ya que si hacemos algo mal podemos poner los medios para corregirlo, y si lo
hacemos bien ya tenemos una lección aprendida.
Tenemos que saber que un error no es
algo malo, puesto que nos proporciona un nuevo aprendizaje, por eso no debemos
tener miedo al error, lo que es malo es no querer reconocerlo y entonces no
corregirlo. Esto es algo que nuestros alumnos también deben saber, ya que en la
actualidad muchos de nosotros tenemos miedo al fracaso y por no cometer el
error a veces no hacemos muchas cosas. Es importante que el niño sepa que no
pasa nada por hacerlo mal, al contrario esto es positivo para su proceso de
aprendizaje.
Por otro lado los valores, como la
solidaridad, el compañerismo, el respeto, la tolerancia son acciones que
necesidad de la práctica para que el niño pueda aprenderlos, y saber también
las conductas que no son adecuadas para que no las reproduzcan, porque no
debemos olvidar que “somos un ejemplo a seguir” tanto nosotros como futuros
docentes, como los padres, amigos…
Y por último si en algún momento
cometemos un fallo, y consideramos que nos hemos equivocado con nuestras
acciones, tenemos que hacer ver a los niños que es algo equivocado y hay que
pedir perdón.
Bibliografía utilizada: ALARCÓN GÓMEZ,
Pedro (2012): Pedagogía para andar por
cada, Madrid: San Pablo.
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